Uno con suerte descubre
que estaba equivocado
y que las ideas que sostenían
toda una postura
se merecen algún tipo de olvido.
Las canciones que arrastran su materia
se vuelven libidinosas tocadas en los muelles
donde recalan los barcos más grandes y viejos.
Hay siempre símbolos interesantes: el gallo
que va sobre una bandeja de plata exultante
la pasión de Cristo representada en un garage
lleno de objetos que ya no se usan, y así.
La bondad que tienen los cuadros
es que representan lo mismo siempre
y así crean una falsa imagen de permanencia
que muy bien puede estar en cualquier ambiente feliz.
Las imágenes están superpuestas ahora.
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lunes, 6 de julio de 2015
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