Los montones de espacios
de pobreza en la periferia
de una voz que se empecina en repetir
las variantes más trilladas del habla
mientras las chicas que se incorporan
a la noche esparcen su pintura
por los sables que se alzan
para de alguna manera honrarlas
en la plenitud de sus goces.
Hay que soltarse, escucho.
Hay que ir a lo alto de esa
torre para ver mejor el río
que como si fuese una lava diluida
viaja con mucho envión.
No hay forma de decir mejor
las cosas, al menos para mí
que estoy a veces de lo más pancho
y siento que esos enanos de la mejoría
me toman para llevarme un poco más
alto en el teatro más hermoso que está en
medio de un selva rimbombante de monos
que de forma espeluznante cantan y cantan
vaya a saber qué cosa.
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domingo, 5 de julio de 2015
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