Atrás el sol que se alza
y establece una escala de colores
que es musical en su bondad.
Un barco se acerca a puerto,
Las viejas y sus vigilias me obsesionan.
Lo mismo esos ranchos salvajes
que se ven en mitad del campo
a la par de las cuevas en donde
los bichos más simpáticos
duermen.
El campo tiene muchas cosas dignas.
Por empezar las vacas y su parsimonia.
Para seguir ese modo contemplativo
que se agota en el ir y venir de
los autos que por la ruta pasan.
Los habitantes, en orden, ven la tele.
También en el campo se fornica bastante.
Y también los árboles se mueven.
Los barcos son otro punto de interés
en la medida que simbolizan
viajes monumentales que después
están hechos, cumplidos, Aventuras que han quedado
en la piel y que ahora están enmarcadas en el puerto.
El cuerpo de un lobo marino pudriéndose
entre las rocas apenas tocado por el mar.
Las hortensias que evocan una falsa Alemania
y los teros cerca custodiándolas.
Los lugares en donde sirven un buen café.
El puerto es de una simpatía total por eso.
Lo mismo los perros y las plazas con barrancas.
Los cuerpos bajo el sol de ellas.
Las antiguas novias también, ellas tienen
un amor ido pero no del todo.
Y después están los hospitales que uno
aprende a valorar en la medida que percibe
la decrepitud como una instancia más.
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martes, 14 de julio de 2015
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