Primero intentar, una y otra vez,
ubicarte más allá de cualquier discurso o certeza.
Y después, gracias a esa sigilosa versatilidad,
aceptar incluso la serpiente inmensa que se arrastra
hacia tu cama hasta convertirla en algo tibio
y luego en una luz que te otorga el entendimiento
que, muy de a poco, te ubica, con altos y con bajos,
en una orilla donde el paisaje resulta cercano y a la vez sereno.
Entonces sugiero respirar sobre Él.
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