Ahora entiendo, después de tantos años, mejor a mi madre,
y a mi amigo A, y a todos esos seres sensibles y egoístas,
inclinados a la espectacular tarea de volver un hecho
de la existencia algo todavía más inefable,
casi apto para tocar la dorada inmensidad,
nunca del todo vista, de los dioses,
aquellos seres que son recordados en algún punto de esta tierra,
por quienes, temerosos, se inclinan aún hoy para pedirles
un poco más de vida, un poco más de un carácter,
o algo cierto, que le otorgue al sentir
esa tranquilidad que cada día les falta.
Archivo del blog
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Caleta Tankah 2
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
No hay comentarios:
Publicar un comentario