Soñé que dejaba de ser lo que soy y me convertía en lo que quiero ser: un monje dotado de una luz fantástica que iba por las nubes de los cielos mejor pintados de la iglesias más encantadoras y escondidas de la tierra.
Y desde esa condición de monje, ya no deseaba más de lo que podía tener. Todo lo que me era cercano, tendía a distenderse. No iba a ningún lado en especial ni tenía nada en particular; ni siquiera dormía con una exigencia determinada.
Y así podía escuchar crecer la flores. No tenía familia y no tenía afectos demasiado cercanos porque nadie podía interactuar con mi enorme santidad desde, digamos, un plano de cierta igualdad.
Solo los perros me seguían. Las marmotas escuchaban en la lejanía mis pasos; los pájaros me daban melodías fantásticas. Hablaba con Cristo. Y sin embargo, no estaba del todo claro mi rumbo.
Archivo del blog
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Caleta Tankah 2
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
No hay comentarios:
Publicar un comentario