Y por supuesto desde que me puse a escribir, siguiendo un estela que buscaba la excelencia, y sobre todo lo impresionante para el prójimo, intenté cosas elevadas y consagratorias que por supuesto no aparecieron jamás en una medida siquiera parecida a mis pretensiones.
Pero todo esas frustraciones, lo notable, es que jamás me impidieron seguir escribiendo. A priori, parecería que estamos frente a un caso -que muy contadas veces tengo- de una tenacidad fuera de serie. Una convicción solitaria y absoluta en pos de la posibilidad de pulir realmente mi voz para que lo que deseo decir sea finalmente dicho. Algo que confío que algún día va a ocurrir y me va a permitir estar sumamente contento (aunque sospecho que nunca va a ser el tipo de felicidad proporcional al esfuerzo impotente que vengo sosteniendo).
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jueves, 2 de abril de 2020
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