Era un pájaro
venía cada mañana a mi ventana
-la ventana real de mi cuarto-
y cantaba de una manera esmerada y tierna.
Y veía rosas blancas que crecían
cada vez que bajaba la vista.
Y el cielo estaba azul, no celeste, casi azul en realidad.
El viento fresco y dos o tres gatos rondaban
pero sin ánimo de hacer algún daño.
Después estaba en una iglesia que conocí en Venecia;
tiene un encanto fuera de lo común.
Ahí un cura hablaba y en vez de palabras
le salían gorjeos. Los mismos que el pájaro
que antes era yo. Un zorzal creo que era.
viernes, 29 de mayo de 2020
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