No quiero dejar de contarles
que hoy, tarde nublada y fría,
los pájaros misteriosos
que vienen todas las tardes y se posan
en los grandes álamos carolinos
se pusieron a cantar como todos los días
pero esta vez, tal vez porque
había un silencio inspirador,
se sintieron como nunca antes,
y seguramente por eso distintos pájaros:
un cardenal, varios zorzales, horneros,
calandrias, y un extraño pájaro carpintero,
se sumaron a ellos, y claro,
yo me puse a pintar, y ya no tuve dudas
acerca de lo endeble de mi técnica,
ni de su valor improbable.
martes, 30 de junio de 2020
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