Salimos del azul para adéntranos en el verde
y después en el blanco y enseguida
la fascinación del magenta
y así vienen el violeta y el amarillo dorado
y enseguida las formas. Así se perfilan,
hablo en especial de los pinos, oscilantes, altos,
y árboles desconocidos podados, mucho más enanos,
fascinantes junto al cartel.
No habrá milagros hoy, decía ese cartel.
En el fondo estaba el cielo.
Y por todos lados, familias deseosas de airearse.
Era el mediodía de un domingo.
Lo quiero pintar ahora.
Y lo quiero pintar
porque lo vivido esa tarde debió
quedar en muchos lugares.
No solamente en nosotros.
Todo eso merece elevarnos
mucho más de lo que estamos.
Toda esa tarde en ese lugar
debió haber sido puesta en algún
tipo de iglesia para que muchos,
en el entendimiento de lo vivido,
adoren como nosotros ese día
y ahora, y por mucho tiempo,
al igual que nosotros,
se den ánimo, amor, fuerzas.
Y se lo cuenten unos a otros.
miércoles, 1 de julio de 2020
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