Día en cierto aspecto insípido porque no fui al campo.
Y al mismo tiempo, esa falta me hizo querer
como nunca antes volver al campo.
Así funcionan las cosas amigos.
Trabajé en cosas que supuestamente me preocupan
y al mismo tiempo me permiten
tener los niveles de angustia
amarrados a cierto espacio.
Algo parecido a lo del campo.
Gracias a ciertos grados conocidos de angustia,
no llego a los grandes niveles de angustia
(algo que se dispararía si no llegase
a tener algo específico que hacer).
El arte, que a lo largo de mi vida ha sido un motivo
de empeño, no ocupa ese lugar
porque no está vinculado a una actividad
redituable o mínimamente reconocida.
Lo grandioso que tiene el arte en mí
-su libertad absoluta, el no responder a un público-
es al mismo tiempo su mayor límite,
y exactamente por el mismo motivo.
Lo importante en todo caso
es que vuelva al campo.
En ese punto no existen dobleces.
Quiero ver esos enormes galpones
atiborrados de gallinas,
verlos en el momento en que llega la noche
y las luces internas y silenciosas se prenden.
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