Hoy no volví al campo.
La lluvia y tareas de la casa me retuvieron,
cosa que me vino bien porque así fue como
invité a mi hija a caminar,
hablamos de nuestras vidas como otras veces,
y en realidad -lo más importante-
me puse a pensar que casi nunca les hablo amigos
de las cosas más queridas de mi vida,
mi mujer y mis hijos, mis afectos,
las construcciones que siempre me han salvado,
y que en verdad son las razones principales
por las que puedo ver esos enormes galpones
llenos de gallinas y descubrir en ellos
un punto intrigante del que nace un cuadro.
Pienso de manera bastante frecuente
en los cuadros de las madonnas
y pienso en el encanto que pudieron tener
para quienes los hacían. No tengo en claro
si era un tipo de industria religiosa que volvía
apáticos a los artistas, o bien hubo
muchos que en esos condicionamientos temáticos
encontraron el trampolín para llegar más lejos,
y sobre todo dudo si hoy por hoy
no estaremos pintando cuadros
de cierta belleza y no nos damos cuenta.
domingo, 14 de junio de 2020
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