Esto, en cierta forma, fue todo
como lo que me imaginé
al inicio de esta cuarentena, allá por el veinte de marzo.
La extensión de este extraño aislamiento iba a ser largo
-recién entrábamos en otoño- y la dichosa vacuna
no iba a aparecer por mucho tiempo y el virus
iba a seguir transitando
.
Estoy entonces, me dije, frente a la oportunidad
de aprender muchas cosas,
cosas nunca aprendidas hasta ahora, rematé.
Hoy veinte de junio, tres meses después,
no sé si aprendí mucho más de lo que alguna vez
pude aprender, pero al menos puedo decir con certeza
que hay una bandada de pájaros que vienen
a las cuatro y cuarto de la tarde
y se quedan por espacio de cuarenta minutos,
en la copa de un álamo carolino inmenso,
pelado, en las ramas, cantando.
Son negros, simpáticos, medianos podría decir,
y hoy los filmé por espacio
de treinta segundos a ver si un amigo
que vive en el medio de Entre Ríos
me pueden decir de qué especie son.
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martes, 23 de junio de 2020
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