Vuelvo al camino por el campo.
Casi anoche hoy también.
Me gusta esta hora para ir en bici.
Me gusta hacer ejercicio cuando cae el sol.
No hay gente, el día es templado y gris.
Los graznidos de los pájaros se van espaciando.
La hora en que todo languidece, el momento
que precede a lo oscuro; me gusta.
Cruzo una ruta por la que casi no pasan autos.
Sigo por el camino -que a esta altura se ensancha-
y veo a mi derecha unos árboles sin hojas,
van en una hilera que sale perpendicularmente.
A los costados de esa hilera,
veo dos galpones de iluminados por dentro.
La imagen es un cuadro.
Adentro las gallinas son explotadas
-nunca se apagan las luces así continúan poniendo huevos-,
y sin embargo, o tal vez gracias a eso,
el cuadro es fantástico.
lunes, 8 de junio de 2020
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