Al fin llueve, todos los demás ruidos se aplacan,
todo lo que viví tiene ahora un sentido y vale la pena.
No soy más un infeliz, no soy un dramático.
No he perdido años de años por culpa de mi impericia
a la hora de sopesar la suerte que tengo en tantos sentidos.
Todo eso ahora no importa. Como tampoco importan
las rocas y más rocas en una playa de arena blanca.
Llueve y siento las gotas, millones
de gotas, suaves, en mi techo.
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lunes, 27 de julio de 2020
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