Salí con mi hijo a pedalear hasta el campo.
Día neblinoso y tibio.
Por un momento, volvió lo sufrido
durante noches de invierno cerca
de lugares casi vacíos donde la gente
buscaba de manera torpe a otra gente
y esas noches eran la continuidad de mis días.
No tenía más que dieciocho años,
ni tenía casi familia y rezar
ni siquiera estaba en mis planes.
Ahora todo eso cambió
pero algo viejo y descascarado
persiste en el fondo de un océano cercano.
Lo vi apenas en la pobreza de un barrio
donde la basura volaba hacia el campo.
Pero después milagrosamente noté
que un gran montón de basura en una esquina ya no estaba.
Y el mundo tuvo otro sentido, viró para otro lado.
Y sin embargo no había viento por ningún lado.
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martes, 21 de julio de 2020
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