Cuando las voces de todos los ángeles,
en las alturas de todos los cielos,
se calmen como hoy
se han calmado los perros del barrio,
ese día, vos y yo, juntos, de la mano,
libres por fin, ajenos a todas las variantes
que tiene la esclavitud -esa, la más odiosa,
la del espíritu, la del pobre infeliz que no se siente querido-,
ese instante, decía, vamos a tener que acostarnos
al lado del agua, y desde ese lugar,
con las olas llegando una a una a la orilla,
vamos a tener una familia feliz, unida y completa
y todo lo que hagamos de ahí en más,
no va a estar teñido por las fábulas, ni por los dogmas,
porque, vuelvo a decirlo, de ahí en más,
vamos a ser lo que podemos lograr,
e igualmente los ángeles guardianes
seguirán en el cielo
pero al mismo tiempo
los sentiremos mucho más cerca.
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domingo, 12 de julio de 2020
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