jueves, 31 de marzo de 2022

Iba a contarles.

 

Iba a contarles que ayer fui a un pueblo costero en el fin del mundo, y que ahí,  en una playa del canal del beagle, con las montañas a mis espaldas y también enfrente, y con todas esas piedras, que me detuve a mirar, de no más de quince centímetros extendidas por la orilla, encontré un tronco arqueado de un árbol de lengua que estaba apoyado, vaya a saber uno desde cuándo, por el océano. Yacía sobre una roca de por lo menos medio metro de alto. Iba a contarles esto, decía, pero no estaba seguro si  el descubrimiento sería tan fantástico también para ustedes.

No hay comentarios:

A la hora de vivir

  Estuve en la casa de las afueras de la ciudad. Durante la noche, las gotas sobre el techo de chapa siempre me producen la felicidad que ce...