Feria en la plaza en Toledo frente a la catedral. Venden vino caliente. No me atrevo a probarlo. Pruebo con una señora que vende panes. Luego, con un joven que vende quesos. Me da a probar. Su energía me parece franca, sentida. Lo espontáneo. Lo silvestre también por acá. Sigo, también hay churros a la venta. Comemos en la plaza. Unos italianos hablan. Dos hombres que pertenecen a cosas raras, prejuzgas. Por lo demás, jóvenes y una familia que come en la barra. Cuando me digo que el restaurante es trabajado por peruanos. Todo se enlaza en la tierra. Toledo tiene una impronta fortificada y una estatua que pretende adoptar a Cervantes.
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