domingo, 2 de julio de 2023

En el centro de un telón

 

Hace poco volví al lugar de entonces. Bajo los plátanos, detrás de la iglesia, todavía se puede descansar, no hacer nada. Ahí mismo donde ondeaban las banderas. Azul, negro. Un escudo con tiburones sonrientes. El club de pesca. Y detrás, el mar mantenía el tono oscuro del cielo. Tan gris que resultaba un cuerpo. Dos patos bajaron al agua. El momento me recordó a un telón, superior a cualquier época, que descubrimos en una iglesia agrietada. Tenía el telón lo que bien podría haber pintado en otra vida. Los pinos, las murallas detrás y un camino que bajaba en una difusa inclinación. Debió pensar su autor, me dije, en cosas tibias, mansas, y sobre todo no debió buscar más. Porque si las imágenes no pueden seguirme, se habrá dicho, si ya no recurren a lo furioso, llegaré a vivir a salvo, en paz.

 

En el centro de ese telón, si todavía existe, se ven unos gorriones llegando hasta una mujer que levanta sus brazos. Es un gesto esmerado y tierno el que ensaya. Detrás, el sol está ocultándose. Tan cegador que solo así se puede admirar. 

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