Ahora son las cinco y veinte de la tarde y acabo de caer en la cuenta de que llovizna desde temprano en este barrio remoto de la ciudad. El lugar donde intento sin éxito progresar. Y también recién, por más extraño que parezca, escuché a lo lejos el canto de un gallo y recordé que en la quinta de mi abuelo había un gallo de un vecino de apellido Ervasi que cuando estábamos sentados en la galería, se paraba enfrente nuestro, nos miraba fijo unos instantes y se iba. Nunca supe si era una bravuconada o qué.
Archivo del blog
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Caleta Tankah 2
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
No hay comentarios:
Publicar un comentario