Subías la pirámide de Chichen Itzá
una noche de luna llena. Y cuando
mirabas desde lo alto, el paisaje debajo
se convertía en un paraíso pintado
donde se intuía una presencia
enorme y divina
que nunca se mostraba.
Viernes. Un día insulso porque no emprendí el camino al club junto al río para, después de trotar, quedarme un rato mirando el agua. Pero q...
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