jueves, 8 de agosto de 2024

Hojar desparramadas

 

Había hojas desparramadas 

y unos niños empeñados 

en esconderse detrás de 

plantas orejas de elefante. 

 

Era como si quisieran 

imitar un cuadro que estaba 

en la sala de mi pediatra.

en donde se veían animales de la selva 

iluminados por un atardecer.

 

Los días se acortaban por entonces. 

Los árboles esperaban su renovación. 

Bah, en realidad todos esperábamos eso:

pintar a las bestias que animan 

las festividades en lo inquietante del negro. 

 

Pero un cuadro así exigía aprovechar

cada oportunidad: primero la luz 

y el dorado, y después los grises

volviéndose celestes por los canales. 

 

Pero no era fácil encontrar 

una escena así. Y sin embargo, 

un día vimos a nuestra perra 

moviendo la cola al final de un roble

que se había desplomado. 

 

Esa noche primero 

ocurrió la caída del árbol

y enseguida el corte de la luz.

 

Por eso al salir las pocas luces 

venían de los autos. 

 

Entonces, nosotros

con pasos asombrados 

caminamos por el tronco caído 

entre ramas y hojas y al final 

estaba ella, Morita, nuestra perra.

 

 

 

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