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viernes, 6 de diciembre de 2024

Mirabas una escultura


 

Mirabas una escultura 

que tenía un cartel.

2006, en letras doradas, decía.

Y luego tu nombre.

 

Después, ya más cerca, 

descubrías algunos defectos 

en el pulido de la piedra

y lo lamentabas.

 

Y peor: con tantas 

personas alrededor

no podrías mejorarla, 

pensabas. Quedaría 

inconclusa por siempre.

 

Pero de pronto, 

al mirarla de nuevo, 

la amargura ya no estaba.

Solo permanecía su presencia 

firme, noble. Incluso, 

en tu imaginación, eterna. 

 

 

 

 

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