Hasta que una noche soñaste
con dos búhos mirándote
desde lo alto
de un cedro azul.
Al árbol lo veías
desde tu ventana
en una ciudad lejana.
Por entonces, suponías
que deberías crear algo reluciente
y así podrías vivir rodeado de salvias.
Cinco y doce de la mañana. Sentado en el living de mi casa, escucho un colectivo que hace sonar sus frenos, luego un auto con la música estr...
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