Buscaba en el arte un resquicio que lo rescatara de la angustia que lo tomaba desde siempre ante la adversidad y el dolor que pueden desplegarse de un momento a otro. Quería, así, escapar de la fugacidad para quedar en el alma de otros y ser alguien en lo más alto del volcán más imponente. Le pedía demasiado al arte. Y por eso el arte no lo auxiliaba. O en realidad sí, pero solo le enviaba pájaros que pasaban por su ventana, miraban el horizonte y partían, rápido, entusiastas, mostrándole la realidad más concreta y última de todas, esa que él no lograba entender más que por instantes. Y con todo, esos contactos eran lo mejor que tenía.
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domingo, 12 de enero de 2025
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