Se adentraba por calles abandonadas por todos menos por la historia. En cada calle, había muchas vidas pasadas y eso se sentía de forma clara, vívida, al punto que se le aparecían a cada rato: primero como sombras que iban presurosas y, detrás, como figuras de hombres vestidos con uniformes militares de gala junto a mujeres con vestidos suntuosos de noche. Tenían copas en la mano. Y por un momento, al pasar por una esquina, le parecía que le iban a sonreír, pero enseguida notaba que se reprimían. Supuso entonces que todavía vivían de las sugerencias y de los tesoros de energías que habían quedado esparcidos por las calles y en donde ahora todo tendía a un olvido que avanzaba a un ritmo constante, marcado, persistente, como la lluvia que caía desde el cielo frío desde hacía una semana.
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sábado, 18 de enero de 2025
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