sábado, 15 de marzo de 2025

Cincuenta y dos años

Cincuenta y dos años cumplo hoy. Nada ha cambiado en mi vida en tantos aspectos. Suelo tener los mismos sueños, los mismos miedos. O al menos parecidos, e incluso las mismas alegrías, gracias a los mismos seres y objetos: pájaros, árboles, mar y cielo. El paso del tiempo, con todo, lo vivo distinto y también vivo diferente un montón de aspectos que hacen a la esencia del mundo, quiero creer, y que empiezo a vislumbrar mejor. No hay garantías de nada. Eso por ejemplo lo sé. Todo depende de uno. Y uno solo dispone de fuerzas acotadas para acceder a esa dimensión que está más allá y que se podría nombrar como Dios, pero que en realidad no es Dios tal como lo entiende la religión. Es una fuerza superior, más que nada misteriosa, que nos conecta con un sentido profundo que solo nos pertenece a nosotros en un modo etéreo y que sin embargo es lo más importante a lo que podemos aspirar. Diría que es cierta comunión con esa fuerza que está en uno y en todo lo demás, y que entraña, más que nada, la posibilidad de darle un sentido distinto a la inconmensurable sucesión de hechos que ocurren por todos lados. 

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