Era cierto: ¡el pensador tenía razón!
Los enemigos pueden ser los mejores
maestros porque, para empezar, no son
tales, dado que son, más bien, seres
puestos para hacernos ver lo que nos cuesta
asumir. ¡La codicia es la principal puerta
que se cierra frente a ellos. Bah, mejor
digo lo que pienso... Sí, ¡los enemigos existen!
¡Y son de lo peor! ¡Pero en su podredumbre
cómo edifican! Llegan a darnos lo que nunca sueñan.
Son buitres en lo alto y cada tanto bajan
a mostrarnos dónde está el animal muerto.
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