Los árboles al costado
Mañana nublada, fría, apática. O mejor dicho: yo estoy así, con ese estado, incluso con cierto declive hacia la tristeza. El paso del tiempo, una vida que transcurre en una rutina cada vez más marcada, un impulso vital que decrece. Todo eso, sumado a la falta de una vigorosa templanza que compense la entrada a cierta madurez, me sumerge en el desánimo.
O bien —me digo—, quizá solo necesite unas vacaciones. Irme a la naturaleza. Abstraerme de la ciudad.
Ayer, mientras esperaba que corte el semáforo en un descanso que hay al final de lo que acá llaman la avenida más ancha del mundo, vi los autos pasar en uno y otro sentido, como si empalmaran una autopista sin fin, a toda hora, todos los días del año. Me invadió entonces una angustia que tenía un anclaje: la idea de que el avance humano está por convertir al planeta en un gran hormiguero construido de autopistas, edificios y casas.
Entonces, miré unos árboles que tenía al costado.
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jueves, 17 de julio de 2025
Los árboles a un costado
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