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jueves, 22 de enero de 2026

El perro

 Salida a cenar. No tenía ganas. Pensaba que debería haber sido más claro respecto de mi falta de interés. Pero me avine al deseo de la hermana de mi pareja. Además, ya era tarde y estaban todos cambiados: mi pareja, mi hijo y mi cuñada.

Emprendimos la marcha hacia el centro. El lugar que teníamos previsto no tenía comensales. La música, además, se escuchaba bastante alta. Fuimos entonces a un sitio cercano. Pequeño. Sin la más mínima pretensión. Comida mexicana. Estaba lleno. Nos armaron una mesa afuera, en la vereda. La comida no resultó del todo buena, pero era barata.

Había un perro, de tamaño más bien mediano, de color té con leche y cara fina, afable aunque algo tensa. Se acercó a pedirme comida. Ante mi indiferencia, se paró en dos patas. Entonces le di un poco de lo mío. Casi nada. Así, dos veces. Por fin, me decidí a acariciarlo. Lo hice cuando el perro, con el hocico, tocaba mi mano. Parecía complacido el animal, pero de pronto, de la nada, se lanzó arriba mío, sobre mis faldas. Tiró un tarascón al aire y volvió tras sus pasos.

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