Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo a las dos y diez de la tarde. Un poco demorados. Pasamos el ingreso, siempre injusto (cobran una entrada al club de playa). Dedicaría buena parte de mi vida a litigar en este país para que los accesos a las playas sean públicos. He persistido tanto tiempo en el mundo del derecho, aunque no lo disfruto mayormente, dedicado a causas parecidas. Es una pulsión lo que siento frente a lo que considero una injusticia. La injusticia me subleva; necesito repararla. Una pena. Porque lleva mucho tiempo intentar esa reparación y nunca es plena. Nunca alcanza.
Archivo del blog
martes, 3 de febrero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Espalda
Nueve y media de la noche. Llegamos al restaurante el viejo Hobbit, que tiene un origen incluso anterior a la película. El dueño lo creó a ...
-
El genio rockero me miró con sorpresa y después, víctima de cierta discordancia, tentado, me respondió: “Okay my lord”. Se volteó y preguntó...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Cuando te adentraste en el agua helada de la orilla para sentir las pequeñas olas, mirando el horizonte, pensaste que si cambiaras tus cre...
No hay comentarios:
Publicar un comentario