Acabo de salir al balcón. Noche del fin del verano fresca con un viento agradable que va, corre. Acabo de levantar mi cabeza, acá, en el último piso, para mirar las estrellas. Unas nubes, casi nada eran, pasaban sobre ellas, esas estrellas mucho más distantes. Fui con mi hijo al palacio de justicia y, en ese enorme edificio donde resuenan los pasos, me vio en acción en una mesa de entradas. La presentación con dos jovenes retraídos por la solemnidad de la práctica tribunalicia. Mi explicación de por qué necesitaba hablar con cierto funcionario. El hecho de que el funcionario tuviera a bien por fin apersonarse para que mi hijo presencie, luego mi alegato. Sonrisas amables para pedir, mi esmerada diplomacia en acción. Atrás, supongo que estaba la mirada atenta de mi hijo.
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lunes, 4 de mayo de 2026
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