Noche. Medianoche con más precisión.
Un avión pasa frente a mi sala de estar.
Luego, nada. Ni una persona veo ahora
en la calle que baja. El edificio inmenso,
antiguo, presuntuoso y lo mismo atractivo,
no muestra una sola ventana con una luz
encendida. Me dieron ganas de escribir
recién, cuando me estaba por dormir,
una urgencia por decir algo sentí,
por fijar un sentido a otro domingo
más que pasa, como tantos, y anuncia
una semana que comienza.
Debo poner en palabras todo esto
que pasa y acá estoy, y como tantas
veces, todas las veces, en realidad,
nada de lo que diga va a cambiar
lo esencial.
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