Amanece. Todo un mundo se abre más allá de la ventana que mira a la calle que baja. La primavera está cerca. Un zorzal ha trinado cuando todavía las sombras eran mucho más grandes. Ahora por lo visto ha callado. Nada se mueve. Más temprano, solo el portero que limpia la vereda casi al final de la calle que baja a eso de las cinco y media de la mañana. Antes también un avión dobló en dirección al Río de la Plata. Ahora otra vez un zorzal a Dios gracias. He realizado una serie de ejercicios que me han dado cierto sosiego. Uno mínimo frente a las cuestiones que me acicatean. Y lo más importante: me he dado cuenta que puedo cambiar mis pensamientos. Una escultura hecha por mí en mi casa podría tener una trascendencia bíblica.
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miércoles, 16 de septiembre de 2026
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Amanece
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