Hoy te admiro rodeado de
gente que quiere estar lo más
cerca de otro entre sombrillas
que guarecen bolsos, toallas, revistas
y diarios.
Un perro salchicha ladra y nadie le
dice que se calle; eso tiene la playa,
tiene esas cosas que molestan: lo más parecido
a gente mirándote los pies; o huesos de gigantes
esparcidos por un cementerio que
ahora, de a poco, va siendo desmantelado.
Hay que irse más allá, me gustaría decirte,
hay que reinar allá con tu precioso bikini gris
celeste y fucsia, delicia de una diseñadora
que estableció que entre su idea y vos habría
un contacto que yo celebraría como si se tratase
del infinito. Porque se entiende, estoy solo cuando
digo: sos la guacha divina
y por ser tal te enseñaría a ladrar.
Y ladrarías, allá, fenomenal,
ladrarías.
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martes, 2 de agosto de 2011
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