El tiempo de hablar
sin pensar demasiado en nada.
Las olas juegan entre sí gracias al viento.
Las chicas están en la orilla
y ahora, de forma insólita, se prestan las palas,
los baldes, todo lo que les trajimos para que jueguen
por un rato y nos dejen al fin leer las novelas de misterio.
Esas novelas que nos gustan porque no agregan
nada existencial a nuestro estar en el mundo
y de esa forma nos convocan a modos conocidos
de antemano que más te apaciguan en la medida
que son previsibles, y con suerte forzados.
El problema es cuando oscurece en el trópico, pienso.
y unos pájaros marinos, que no son gaviotas pero se les
parecen bastante, vuelven a un nido que no sé dónde está
ni sé si existe. Y pienso en ellos bastante. En cuánto durarán
sus vidas, en cómo vivirán la rutina.
lunes, 25 de agosto de 2014
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