Recuerdo ese tiempo: queríamos imitar a los poetas místicos
y para eso contemplábamos las cosas en silencio,
abstraídos por la paz que podían adquirir las cosas para nosotros,
y que ellas de un modo oculto tenían,
porque lo verdaderamente valioso estaba en la belleza
que se acrecentaba, en la medida que la mirábamos,
y ella, conectada de un modo que no podemos afirmar que fuera cierto,
perseguía el relajamiento que tocaba al paisaje,
de a poco, deslumbrante y al mismo tiempo muda.
sábado, 31 de agosto de 2019
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
A la hora de vivir
Estuve en la casa de las afueras de la ciudad. Durante la noche, las gotas sobre el techo de chapa siempre me producen la felicidad que ce...
-
El genio rockero me miró con sorpresa y después, víctima de cierta discordancia, tentado, me respondió: “Okay my lord”. Se volteó y preguntó...
-
Creo que es mejor que les cuente un poco de Carola. Una premisa que no es sencilla porque mis percepciones cambiaron con los años de manera ...
-
Vuelvo de la playa abrumado. Y lo peor no es esa sensación tan grande, lo peor es cuando la realidad te persigue y te alimenta: hoy iba por ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario