Un parque vacío
de una ciudad antigua
y otra vez bellísima.
Ya no llovía
y el verde humedecido
destacaba los laureles
rosados y blancos.
Y estabas contento
porque el viento seguía,
silbaba, hacía frío,
y no había nadie en las calles.
Estuve en la casa de las afueras de la ciudad. Durante la noche, las gotas sobre el techo de chapa siempre me producen la felicidad que ce...
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