Un parque vacío
de una ciudad antigua
y otra vez bellísima.
Ya no llovía
y el verde humedecido
destacaba los laureles
rosados y blancos.
Y estabas contento
porque el viento seguía,
silbaba, hacía frío,
y no había nadie en las calles.
Viernes. Un día insulso porque no emprendí el camino al club junto al río para, después de trotar, quedarme un rato mirando el agua. Pero q...
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