Seis y media por fin llegué a mi taller. Lo logré, pero demasiado tarde. ¿O nunca es tarde cuando la dicha es buena? Pronto, saqué un gran lienzo al patio y, cuando me puse a pintar, comencé a sentir el placer de crear una imagen en un lienzo, de emplear colores, el azul, el verde y el gris, en este caso. Busqué conectarlos en un entramado. No con la forma que busco. Pero al menos una forma que comienza a atraerme. Rodeado de esas paredes de cemento del patio, con pocas plantas a un costado y una fuente que no funciona, sentí ganas de conversar con mi amigo que vive en USA. Le conté algunas impresiones que tuve más temprano acerca de sus pinturas y sobre todo le dije que me intrigaba mucho qué haríamos si dispusiéramos de más tiempo para embarcarnos en un proyecto artístico. Dedicarle energía, tiempo, para crear un mundo personal. Es algo que me intriga y me produce temor. Al vacío. Al fracaso. O bien sea que no termino de sentir ese llamado. Entre tantas cuestiones, me siento incómodo en el llamado "ambiente artístico". Del mismo modo, que no me siento parte del ambiente académico, ni empresarial, ni en ningún otro lugar demasiado preciso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario