Desde la terraza donde empezabas
a trabajar la piedra con una gradina
y una maza, miraste las nubes;
iban de derecha a izquierda.
Unas plantas
que cubrían toda
la baranda de la terraza,
también se movían apenas.
La maza golpeaba la piedra
al ritmo que elegías.
Por momentos,
con más intensidad
—cuando pensabas en alguien
que te irrita—.
De pronto, apareció un gallo
que cantaba exaltado al máximo.
Después golpeaste más fuerte todavía
mientras las ramas
que cubrían la baranda
apuntaban al cielo.
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viernes, 28 de agosto de 2026
Sobre el escenario
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