Mañana de sol. Dormí ocho horas, pero con sueños, como siempre, intensos, vertiginosos y, por lo tanto, agotadores. Los pájaros cantan. No tengo problemas evidentes de ningún tipo y, sin embargo, mi sensación emocional no es buena.
Quisiera sentirme tan feliz como ese pájaro, un zorzal, que veo trinar sobre un arbusto frente a la casa. Se esfuerza por sacar de sí todo lo que necesita, se estira, alza su pico y sí, nos vierte un canto monumental, fantástico.
Imposible que sepa el tipo de milagro que realiza.
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