Me levanto a las ocho y cuarenta y seis. Dejé la persiana subida y espero, en esta época de otoño avanzado, que la luz me despierte. Y por supuesto ella lo hace. Miro un poco por la ventana. El río platinado, a lo lejos, entre varios edificios, visible gracias al supermercado que ya no está en funciones y pronto será demolido para dar paso a la construcción de una torre.
Disfruto como nunca antes, por lo tanto, la visión del agua, esa brillantez que tiene cuando el sol le pega a esta hora de la mañana, y pienso en todos los años que lo disfruté del mismo modo, pero nunca como estos días, ahora que sé que no lo voy a ver más. Es un efecto pleno de fuerza el que logra el sol sobre el agua, y el hecho de que dos edificios a los costados lo enmarquen le da un encanto especial.
M., la señora que hace las tareas domésticas en mi casa, está en plenas funciones. Como siempre, concentrada, enérgica. Le pregunté si quería un café y, como siempre, me dijo que no, agradeciéndome con contundencia. Debo comprar más plantas con flores, pienso, mirando el balcón.
Malvones, tal como me sugirió la señora que tiene un puesto cerca de mi oficina. Este día espero empezar con nuevas rutinas. Por lo pronto, no agarré el celular durante la primera media hora. Solo hice algunos ejercicios —livianos—, miré un poco el living de mi departamento, sopesé sus muebles y me fijé en la luz que entra y los baña. Incluso puse mi cara en esa luz para ser tocado.
También tomé mi agua con limón de la mañana y me hice un té de frutos rojos aromático, intenso, muy placentero. Disfrutándolo me acordé del grupo de jóvenes literatos que frecuentaba hace ya quince años. Creía que era importante verlos, ser amigo de ellos, porque me daría lustre y experiencias. Estamos todos en la mesa de un bar en mi recuerdo. Hay algunos de ellos que ocupan con mucha claridad la escena. Dos que son los más reputados. Tienen realmente encanto cuando cuentan anécdotas. Solo me recuerdo más bien al costado, en apariencia superado, relajado, y en verdad algo tenso, agazapado para demostrar un ingenio que nunca se desplegaba del modo que yo quería.
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