Vamos a buscar el auto de alquiler en el aeropuerto. Un joven me dice que no hay reserva a mi nombre. Había una, pero fue tomada. ¿Alguien usó mi nombre? No está claro. Primero debe atender a un peruano insistente y poco educado. Un hombre que tiene aspecto de un topo grande y desvencijado. Por fin, me atiende y averigua. Había dos reservas a mi nombre. Cuando una persona más temprano dijo mi nombre, se le dio un auto y se canceló la segunda reserva. Otra persona tiene mi nombre, por lo visto. Me muestra el joven la copia del documento de mi homónimo. Al menos, tiene un segundo nombre, pienso. No sé llama exactamente como yo. Una ridiculez que me calma. El segundo nombre no es común, es el de un primo mío no obstante. Un primo casi de mi misma edad. También estudió derecho, pero, al menos en mi cabeza, se inclinó por un camino más escarpado que el mío. No sé qué significado profundo tiene lo que cuento. Del mismo modo que no sé qué significado tiene ese primo dentro de mi historia. Podría ensayar varias hipótesis, pero estaría forzando las cosas.
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miércoles, 29 de octubre de 2025
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