Estuve en el taller y volví a pintar arriba de varios cuadros, unos once. Algo se soltó en mi pintura. Había una conciencia de antiguos maestros venecianos, que estaba en algún lugar y que de pronto vino a mí.
Llego, con el final de cada jornada de trabajo, al espacio que tengo junto a un patio, donde escucho los pájaros y levanto la cabeza solo para ver un espacio de cielo. No me importa. Priorizo los colores, que se han desatado con sus pigmentos y sus tonalidades, en pos de alcanzar una realidad más alta que todavía no comprendo. Y eso es lo excitante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario