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jueves, 13 de noviembre de 2025

La suma de todos los miedos

 

Me tengo que hacer a la idea —y para esto escribo estas líneas— de que voy a vivir siempre con una estructura obsesiva a cuestas. Para bien y para mal, es mi manera de andar. Es un modo agotador que me insume una cantidad enorme de energía y que me limita bastante. Debo atender a montones de detalles capaces de encender alarmas que imagino que en otras personas no se encienden. Tener un instante de paz, de calma, de olvido, de pérdida de las preocupaciones, es un hito en mi vida.

Día tras día, debo vivir pendiente de un tema, que siempre entraña un peligro, un temor, una molestia y ese asunto acuciante. El problema es que, cuando supero un tema, enseguida aparece otro igual de preocupante o más. Salud, dinero, relaciones humanas. En todos los casos, está presente la posibilidad de perder el control de mí mismo, de no ser capaz de gobernar mis nervios, a los cuales les tengo un miedo enorme.

Supongo que cualquiera que me conozca se sorprendería al leer esto porque, gracias a un trabajo descomunal, a lo largo de los años he logrado disciplinarlos. No me ha sido fácil y muchas veces he estado  cerca de rendirme ante sus fuerzas. Pero haberme levantado es mi mayor orgullo y consuelo.


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