Sueño intenso con mi entonces joven secretaria. Los dos éramos jóvenes cuando nos conocimos. Pero ella no me atraía; tenía un aire contrariado, una tristeza que ocultaba algo férreo. Pero en el sueño, desnuda, hacía lo que necesitaba. Su pelo rizado se movía apenas en una penumbra. Estábamos en un reservado de una discoteca; no había nadie más por ningún lado. Tampoco música. Era más bien el final de una tarde de calor. Un ventilador de techo giraba a toda marcha. Tenía puestos solo unos tacos que usaba contadas veces.
La sensación no era de felicidad. No sé describirla. Pero si lo hiciera, entendería cosas que no he llegado a saber por muchos años.
No hay comentarios:
Publicar un comentario