Archivo del blog

domingo, 25 de octubre de 2026

La piedra gris

 Me desperté a las tres y media de la mañana con un sueño álgido. Estaba en una camioneta transportando mucho dinero con un primo mío que es juez y, por supuesto, los nervios me comían el cuerpo porque no lograba esconder bien los billetes detrás del forro de las puertas del vehículo. Estuve bastante tiempo para volver a dormirme. Noto cada vez con mayor sorpresa que no funciona en mi cabeza lo que antes, desde mi más temprana adolescencia, era un motivo de entretenimiento, de sosiego incluso, pensar que tengo encuentros sexuales, historias atrapantes, con mujeres. No logro creerme ese tipo de fantasías ni siquiera para intentar encontrar el sueño. Hace mucho que tampoco me funciona imaginarme en aventuras por paisajes remotos, o creer que soy un intelectual o escritor con algún tipo de lustre. Nada que sea inventado, al contrario de lo que antes me ocurría, me resulta posible. Antes, podía darme la posibilidad de imaginarme cosas imposibles. Hoy no. 

Me desperté cerca de las diez y me puse pronto, demasiado pronto, a trabajar. Mi interés siempre es avanzar, sacarme de encima las obligaciones, armar lo suficiente para poder descansar (cosa que rara vez ocurre porque mi cabeza es proclive a encontrar peldaños donde hacer pie para preocuparse). 

Es su modo de estar en el mundo. Y lo tiene aceitado. 

Cerca de las dos de la tarde, saludé a Sergio, el hombre que por lo general está sentado frente a la entrada de mi edificio, acomodando cartones y papeles en una gran bolsa blanca de arpillera. Mi intención era trabajar para dirigirme al taller de escultura, cosa que hice por fin cerca de las cuatro y cuarto. 

Cinco de la tarde y dos minutos, luego de haber ido al estacionamiento donde dejo mi auto, llegué al taller de escultura de mi profesor, que está ubicado en un barrio alejado con casas antiguas y árboles añosos. El inconveniente es que muchas de esas casas han sido demolidas para dar lugar a edificios sin encanto. 

Apurado, me puse a picar una piedra nueva, gris, un mármol igual al que he estado tallando durante los últimos seis años. Golpear esa nueva piedra, ser capaz de moldearla para encontrar lo que su forma puede develar gracias a mi mano. Me ayuda a liberar enormes cantidades de tensiones que me recorren el cuerpo y que, por suerte, no igualan a la piedra. 

No hay comentarios:

La piedra gris

 Me desperté a las tres y media de la mañana con un sueño álgido. Estaba en una camioneta transportando mucho dinero con un primo mío que es...