En la detención buscamos
lo no está dicho y nos impulsa
a ver luces y sombras en lo iniciado.
Ahora la calma de principios del invierno.
La luna llena y más allá de la laguna
el reposo de los árboles.
La belleza capaz
de trabajar por uno.
En la detención buscamos
lo no está dicho y nos impulsa
a ver luces y sombras en lo iniciado.
Ahora la calma de principios del invierno.
La luna llena y más allá de la laguna
el reposo de los árboles.
La belleza capaz
de trabajar por uno.
El verdadero cielo en nuestra manos
es un espacio donde las creencias
pueden ser sostenidas sin necesidad
de pretender que sus alcances
tengan alguna eficacia.
Una esfera donde la luz sería tan
pero tan potente que trazaría
canales celestes y violáceos
por donde la fuerza circularía
al punto de no depender
de acontecimientos fuera del círculo.
Intento ser más proclive a las respiraciones
sin buscar un ímpetu, una provocación,
algo relacionado con una filosofía útil.
Ellas adoraban la distancia ampliada
gracias a los besos que las cubrían
al punto de volverlas más deseadas
por la belleza imposible y ahora,
mientras la veo en la mesa de un bar
cercano a mi casa con los primeros signos
de una vejez que no desacomoda sus gestos,
veo más de lo que alguna vez fueron
y hago ese encanto propio.
Ellas adoraban la distancia ampliada
gracias a los besos que las cubrían
al punto de volverlas más deseadas
por la belleza imposible.
Ahora lo recuerdo: nos mandaron a dibujar porque éramos incapaces de escribir las primeras palabras, casi como esos primeros dioses que habitaron la tierra.
Tengo tantas preguntas que podría hacer
si me quedase mucho rato bajo las estrellas
a la espera de que alguien me responda.
Y mientras tanto los grillos cantan y los camiones
pasan a lo lejos través de un frío impecable,
y los animalitos nocturnos, en los potreros,
siguen su búsqueda
mientras estoy echado en el pasto.
Hoy la primavera viene en busca
de nuestros talentos y los hará suyos
al punto que dejaremos de ser quienes somos
para convertirnos en aquello que hemos soñado.
Desde la terraza donde empezabas a trabajar la piedra con una gradina y una maza, miraste las nubes; iban de derecha a izquierda. Unas plant...