Llegabas a los cincuenta años con la sensación que deberías ser más maduro, seguro, sereno, y al mismo tiempo con la idea de que habías hecho lo suficiente como para estar en paz con vos mismo; y eso, el continúo mirar a tu propio ser te empezaba a cansar... Lo mínimo, pero ese comienzo te parecía de lo más auspicioso...
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